top of page
123124234.png

Puerto Rico enfrenta una sequía que no da tregua: 14 de 19 embalses vuelven a bajar.

Puerto Rico enfrenta una sequía que no da tregua mientras continúan bajando los embalses

Puerto Rico enfrenta una sequía que no da tregua mientras continúan bajando los embalses.


Por Elena Rivera | Green Squad Solar

18 de agosto de 2026 | Puerto Rico


Puerto Rico amaneció este martes con una nueva señal de que la crisis de agua está lejos de haber terminado. De los 19 embalses que monitorea diariamente la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), 14 registraron descensos en sus niveles durante la lectura de las 5:00 de la mañana, según datos divulgados por la corporación pública.

La cifra adquiere mayor relevancia porque llega después de varios días en los que episodios de lluvia permitieron recuperaciones temporales en algunos embalses. Sin embargo, esos aumentos no han sido suficientes para cambiar de manera sostenida el panorama que enfrenta la isla.


Entre los embalses que volvieron a perder agua se encuentra Carraízo, pieza fundamental del abastecimiento del área metropolitana. Este martes descendió 0.07 metros para ubicarse en 37.69 metros. La Plata también bajó, en su caso 0.09 metros, hasta alcanzar los 45.71 metros.


Los números revelan una realidad que va más allá de lo que pueda ocurrir durante uno o dos días de lluvia: Puerto Rico necesita precipitación suficiente, sostenida y, sobre todo, localizada sobre las cuencas que alimentan sus principales reservas. Casi una quinta parte de Puerto Rico llegó a sequía extrema


El problema de los embalses forma parte de un escenario climático mucho más amplio. La actualización más reciente del U.S. Drought Monitor disponible durante la pasada semana colocó al 17.02% de Puerto Rico bajo la categoría D3, correspondiente a sequía extrema.


La cifra representó un aumento significativo frente al 9.49% registrado anteriormente. Al mismo tiempo, la sequía severa, identificada como D2, se expandió hasta alcanzar 36.91% del territorio.


Municipios del sur como Santa Isabel y Guánica aparecieron completamente dentro de la categoría de sequía extrema, mientras Salinas y Coamo se encontraban casi en su totalidad bajo esa clasificación. También se identificaron sectores afectados en municipios del sur, centro y este de Puerto Rico.


Estas clasificaciones no representan únicamente un mapa meteorológico. Una sequía de esta magnitud puede tener consecuencias sobre la agricultura, los acuíferos, la vegetación, la actividad comercial y, eventualmente, sobre la disponibilidad y calidad del agua.


Las lluvias ayudan, pero todavía no garantizan el final del racionamiento

Durante los últimos días, Puerto Rico recibió lluvias asociadas a humedad tropical que permitieron aumentos temporales en algunos embalses. Carraízo, por ejemplo, experimentó varios días consecutivos de recuperación.


No obstante, la propia AAA ha advertido que unas horas de lluvia no significan automáticamente el final de una sequía ni del plan de racionamiento. El presidente ejecutivo de la AAA, Luis González Delgado, explicó recientemente que para considerar la eliminación del racionamiento en Carraízo sería necesario evaluar cuánto logra recuperarse el embalse y cuáles son las perspectivas de lluvia posteriores.

Carraízo necesita alcanzar por lo menos los 38.50 metros para regresar al nivel de “observación”. Este martes se encontraba en 37.69 metros.


La diferencia puede parecer pequeña cuando se observa únicamente como una cifra, pero la recuperación de un embalse depende de la cantidad de precipitación que realmente llegue a su cuenca y del balance entre esa entrada de agua, el consumo y las condiciones ambientales.


El racionamiento ya alteró la vida cotidiana. La situación dejó de ser exclusivamente una preocupación sobre los niveles de los embalses cuando comenzó a afectar directamente la rutina de miles de familias. El plan de racionamiento asociado a Carraízo estableció interrupciones alternas de 48 horas para sectores abastecidos por ese sistema. Las medidas han impactado comunidades de San Juan, Trujillo Alto, Carolina, Canóvanas, Loíza, Gurabo y Juncos.


La crisis incluso ha provocado respuestas extraordinarias de instituciones públicas, municipios y centros educativos. A principios de agosto, el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico llegó a posponer el comienzo de clases y declaró un estado de emergencia debido a los problemas con el servicio de agua.


El gobierno de Puerto Rico también declaró un estado de emergencia por la sequía. Como parte de las medidas autorizadas se incluyó la adquisición de cisternas y otros equipos de almacenamiento, mientras la Guardia Nacional fue activada para colaborar con tareas relacionadas con acarreo, distribución y purificación de agua.

La emergencia demuestra que almacenar agua dejó de ser, para muchas familias e instituciones, una consideración secundaria.


Cuando falla la electricidad, también puede faltar el agua. La crisis de los últimos días reveló además otra vulnerabilidad que merece atención: la relación entre los sistemas de agua y electricidad. Durante el apagón ocurrido el pasado fin de semana, la AAA informó que la planta de tratamiento Sergio Cuevas, en Trujillo Alto, y nueve estaciones de bombeo quedaron fuera de operación. Como consecuencia, 37,369 abonados permanecieron sin servicio de agua potable.


El episodio ocurrió mientras miles de clientes ya enfrentaban el plan de racionamiento de Carraízo. La situación expuso una realidad frecuentemente olvidada: llevar agua potable hasta los hogares requiere infraestructura eléctrica para operar plantas de tratamiento, bombas, controles y sistemas de distribución.


Por esa razón, una interrupción eléctrica puede convertirse también en una interrupción de agua, incluso cuando exista agua disponible dentro del sistema. La AAA advirtió además que nuevas fluctuaciones de voltaje podrían afectar equipos indispensables para mantener la producción de la planta Sergio Cuevas y la distribución del servicio.

Puerto Rico enfrenta un problema de resiliencia. La discusión sobre la sequía no debería limitarse únicamente a determinar cuándo volverá a llover. Puerto Rico enfrenta simultáneamente fenómenos climáticos, limitaciones en sus reservas de agua, infraestructura de distribución vulnerable y una red eléctrica cuyos problemas pueden afectar servicios esenciales que dependen de ella.


Para las familias, esta realidad está impulsando una conversación diferente: cuánto tiempo puede funcionar un hogar cuando alguno de esos servicios esenciales deja de estar disponible. Una cisterna correctamente dimensionada puede proporcionar una reserva de agua durante una interrupción del servicio. Los sistemas de tratamiento y filtración pueden formar parte de una estrategia doméstica para manejar el agua almacenada de acuerdo con su uso y las recomendaciones aplicables. De igual manera, reducir determinadas cargas eléctricas mediante tecnologías solares puede disminuir la dependencia cotidiana de la red.


Sin embargo, ninguna tecnología individual debe presentarse como solución absoluta a un problema de infraestructura de esta magnitud. La resiliencia residencial requiere evaluar las necesidades reales de cada propiedad, el número de residentes, consumo, capacidad de almacenamiento, equipos existentes y condiciones particulares del hogar.

Prepararse antes de una emergencia. Uno de los aprendizajes que vuelve a dejar esta sequía es que la preparación resulta mucho más efectiva cuando ocurre antes de que comience una emergencia.


Cuando se anuncian racionamientos aumenta rápidamente la demanda de agua embotellada, recipientes de almacenamiento, cisternas, bombas y otros equipos. Precisamente por esa razón, las autoridades han insistido históricamente en incorporar el agua dentro de los planes familiares de emergencia.


El estado de emergencia vigente en Puerto Rico confirma la dimensión que ha alcanzado la situación. Y aunque futuras lluvias podrían mejorar las reservas, el comportamiento reciente de los embalses demuestra que una recuperación de algunos días no necesariamente significa que la amenaza haya terminado. Este martes, 14 de los 19 embalses monitoreados volvieron a bajar.


La cifra sirve como recordatorio de una realidad que Puerto Rico conoce demasiado bien: el agua y la electricidad son servicios esenciales, pero su disponibilidad continua no siempre puede darse por sentada. Para hogares y negocios, prepararse no significa vivir esperando una emergencia. Significa desarrollar capacidad para continuar funcionando cuando los sistemas externos enfrentan dificultades.


En Green Squad Solar continuaremos monitoreando la evolución de la sequía, los niveles de los embalses y las decisiones de las autoridades para mantener informadas a las comunidades sobre los acontecimientos que puedan afectar sus servicios esenciales.

Fuentes consultadas: Autoridad de Acueductos y Alcantarillados de Puerto Rico (AAA), U.S. Drought Monitor, Gobierno de Puerto Rico, El Nuevo Día y Primera Hora.

 
 
 

Comentarios


bottom of page